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Archive for the ‘el texto original’ Category

En la red se puede encontrar este interesante archivo de monografías y materiales sobre Tartufo:

http://www.tesisymonografias.net/tartufo-/1/

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Sobre el Tartufo

Imagen de El Tartufo, de Murnau, film de 1926

En Tartufo Moliere crea uno de sus personajes cómicos más famosos, el del hipócrita religioso. De la audacia de esta obra da testimonio el hecho de que el rey prohibiera su representación pública durante cinco años, pese a que él personalmente la consideraba divertida, pero tenía buenas razones para creer que ofendería al poderoso alto clero francés.

La versión modificada de la obra es la que llega a nosotros, lectores del siglo XXI, donde encontramos a Tartufo como un beato, ya no sacerdote sino laico, pero con la misma hipocresía y capacidad de manipulación de la versión anterior. Aún después de la modificación, siguió causando escándalo, pues Moliere retrata sin miramientos en Tartufo a un personaje falso que es capaz de todo para conseguir sus objetivos. Tartufo se convierte así en una comedia de costumbres sobre los “hombres de mala fe”, más allá de la creencia o ideología que aseguran profesar.

Sin embargo, no es la personalidad de Tartufo la que más se critica en la obra. Se ridiculiza más bien a la actitud que muestran los engañados, tan cerrada. Es una crítica a las personas que no quieren convencerse de la verdad, que se quedan en lo superficial, que se dejan manejar por el que los adula y les promete dones.

Por eso en la obra se privilegia la actitud de la familia, su reacción ante la intervención de Tartufo en el hogar y las consecuencias de sus actos. Moliere es consciente de ello y por este motivo el personaje de Tartufo no aparece en escena sino hasta el segundo acto. El primer acto nos presenta los diferentes puntos de vista hacia la persona del impostor, sin aparecer él mismo, aunque de entrada nos debe parecer alguien efectivamente corrupto. Apreciamos de boca de los personajes las principales quejas hacia su persona y cómo es defendido a pesar de su evidente manipulación. Los acusadores quedan mal porque son llamados infieles, anticristianos o viciosos injustamente, y es por esta razón que su aversión a Tartufo aumenta, porque saben que él es el que más usa la religión para su propio beneficio.

En esta obra Moliere produce una historia ágil y entretenida, donde las situaciones están muy bien trabajadas y el argumento se desarrolla de manera efectiva. El trabajo de creación de personajes es magistral, y de ello nos damos cuenta desde la primera escena, donde el autor retrata uno por uno los caracteres y sus personalidades.

El personaje de Tartufo es uno de los más interesantes creados por Moliere en su obra literaria. Lo retrata como un hombre amoral, misterioso, salido de lo más bajo, nacido para hacer daño… Simplemente, alguien que se hace pasar por lo que no es, y que quiere sacar beneficio de ello, aunque tenga que pisotear a unos cuantos en medio de sus planes. Tartufo ha pasado a ser parte del imaginario popular en la actualidad, y es un apelativo común usado en política y otros campos para referirse a aquellos seres inescrupulosos que no creen en nadie y engañan a todo el mundo para poder salirse con la suya. Moliere ha personificado en Tartufo la hipocresía y ha creado un arquetipo teatral, comparable a Macbeth o la Celestina.

La hipocresía de Tartufo se representa no sólo en su falsedad sino también en muchas actitudes que Moliere pretende recalcar para criticar la sociedad de su época. Por ejemplo, realza la importancia que tiene para los devotos la opinión de los demás: “La ofensa está en escandalizar a la gente, que no es pecar el pecar en silencio”. Es un personaje muy bien construido que mezcla clichés y lenguajes diferentes (usando el léxico religioso pero también el galante cuando quiere conquistar a Elmira).

El físico de Tartufo es también importantísimo para la obra, según las indicaciones del autor. La presencia del personaje debe ser grotesca, de bufón (por algo Mariana lo llama “sapo” y Dorina le dice “gordo y rollizo, reluciente, colorados los labios”, para realzar su condición de mantenido).Sin embargo, la finalidad de este personaje no es tanto causar risa como provocar aversión. Tartufo es un ser odioso que se ve envuelto en una situación ridícula en la que permanentemente debe aparentar ser alguien que no es. Gracias a esta situación, el espectador se involucra en la obra, esperando el momento en el cual el hipócrita será desenmascarado.

Al igual que es normal la práctica de los tartufos de este mundo, lo es también de los servidores de los hipócritas. En esta obra el papel está representado por Orgón. Él cree todo lo que le dice Tartufo, confía en él ciegamente y llega al extremo de cederle sus bienes y poner a su familia en segundo plano. Orgón no es mucho mejor que Tartufo, ya que al admirarle, admira al mal y a la falsedad, a la pura y simple apariencia. Es un personaje estúpido y manipulado, que no se esfuerza en comprender, tan sólo se deja llevar, como oveja por el pastor. Moliere retrata así el conformismo y la ceguera de muchos hombres y mujeres que, hasta la actualidad, se dejan persuadir por palabras o acciones hipócritas.

La familia de Orgón insiste en llamar al jefe de familia “loco”, en realzar su alienación. La frase “loco por Tartufo” es repetida por Dorina y Cleanto en el primer acto, y hasta el mismo Orgón asume esta condición cuando afirma “Sí, soy otro hombre después de oír sus pláticas”.

Orgón es un personaje complejo, se podría decir que encierra tres personajes: por un lado es un típico burgués parisino de buena situación económica y social, que lleva las riendas de su casa y (de vez en cuando) hace alguna observación pertinente a los miembros de su familia. Por otro lado, bajo la influencia de Tartufo, se convierte en un ser idiota e intratable. Carece de autoridad, voluntad y hasta de sentido común. Orgón así se convierte en un personaje verosímil, pues Moliere retrata las contradicciones de los hombres cotidianos. Es un hombre religioso que le teme al infierno y como ve a Tartufo tan seguro y en paz con Dios, puede ser duro con los demás pero totalmente maleable con Tartufo. Por último, Orgón es un hombre que no mide sus acciones, pues cuando sale de su engaño reacciona colérico, exagerado: por ello Cleanto le dice: “!Vaya! ¡Ved qué arrebatos los vuestros! ¿Nunca habréis de usar de templanza? En el recto juicio no entra jamás el vuestro, que siempre de un exceso pasáis a otro”.

Considero que esta complejidad y estas contradicciones son las que le dan comicidad al personaje de Orgón. Sus exclamaciones provocan risa incluso en escenas dramáticas. Su alienación y transformación repentina causan comicidad, como cuando trata de pegarle a Dorina (mediante unos juegos de escena que Moliere planeó minuciosamente para provocar risas). Estos intentos fallidos sirven para romper la tensión creada por las intenciones de Orgón de casar a Mariana con Tartufo.

El personaje de la señora Pernelle también le debe su comicidad a ciertas contradicciones muy bien planteadas por Moliere. Acostumbrada a llevar las riendas del hogar de manera autoritaria, de todas formas se convierte en un juguete a manos de Tartufo. Es una santurrona insoportable a la que es imposible hacerle callar. Es muy terca y defiende al impostor hasta cuando su hijo le muestra la verdad.

A Flipot, su criada, no hace más que pegarle, sin razón alguna, por costumbre. Flipot no reacciona y no pronuncia una sola palabra. Sólo está para que la golpeen y producir así un efecto cómico; s papel consiste en poner en relieve, por oposición a su pasividad, la actividad desordenada y la naturaleza tiránica de la señora Pernelle. Además, sirve también como contraste de Dorina, pues actúa pasivamente frente a las injusticias y se queda callada, al contrario que su compañera.

El papel de Dorina es un personaje muy bien construido, la voz de la razón en la familia, ya que, si bien todos concuerdan en la falsedad de Tartufo, ella es la que impone el orden y plantea las acciones a realizar para desenmascararlo. Su intención es buena, es observadora, ella sí sopesa y entiende. Intenta lo más diplomáticamente posible que los demás dejen de hacer caso a alguien tan desagradable, a veces sin éxito. Y es verdad que hay tantos inteligentes que pierden saliva en vano, por convencer a unos crédulos de que la razón no la tiene el personaje persuasivo pero malvado. En fin, Dorina se define como una testigo que no se conforma con los injustos hechos.

Esta criada es inteligente y perspicaz; es la primera en descubrir al impostor, la primera en darse cuenta de que Tartufo está enamorado de Elmira y la primera en comprender que Damis con su impetuosidad va a echar todo a perder. Pertenece al pueblo y aunque se haya cultivado al mismo tiempo que Mariana conserva el modo de hablar natural del pueblo, lo que provoca risas. Hasta la abuela la describe como “una doncella entrometida e impertinente; en todo habéis de meteros a dar vuestra opinión”.

Dorina es tan importante en la obra que domina el segundo acto, planteando las acciones a seguir para restablecer el orden. Juega con el público, crea una complicidad con él (por ejemplo en la escena en que escucha discutir a Valerio y Mariana) e interviene en le momento preciso. Sus cualidades morales la hacen simpática, personifica el sentido común y la valentía y es muy fiel hacia sus amos. Sus intervenciones alegres sirven para distensar las situaciones. Mientras avanza la obra su participación se hace más discreta, pero queda en nuestra memoria como el personaje más simpático de la obra.

Mientras que los anteriores personajes nos hacen reír por sus contradicciones o elocuencia, Elmira usa otro recurso: la ironía. Este elemento es más sutil, y nos hace descubrir, de manera lúcida, la verdad bajo la falsedad, el deseo y el egoísmo de Tartufo aun cuando dice las palabras más nobles. En la famosa escena donde quiere mostrar la hipocresía de Tartufo, le hace pronunciar frases como “considerad, señora, que no soy un ángel” o “que no soy ciego y que soy de carne”. Estas frases lo delatan y provocan una situación cómica (sobre todo por el hecho de que Orgón escucha toda la escena).

Moliere logra efectos cómicos gracias a la excelente caracterización de sus personajes pero también por medio del lenguaje. Propone frases que se convierten en muletillas, como “¿Y Tartufo?” “¡Qué buen hombre!”. La repetición es un elemento cómico muy útil del teatro, como se confirma en la obra, por ejemplo en la escena en la cual Dorina le explica a Orgón el estado de salud de su esposa y él lo único que hace es seguir y seguir preguntando por Tartufo.

Otro efecto cómico es el de alternar diferentes estilos de lenguaje en concordancia con la condición y carácter de los personajes. La abuela usa aforismos populares (“esto es la torre de Babel, todos hablan y nadie se entiende”), Dorina usa un lenguaje franco y divertido, populachero, que se contrasta con la solemnidad del habla de Tartufo. La mezcla de los lenguajes jurídico, devoto y galante provoca risas en el lector/espectador, pues a veces encontramos empleos insólitos o en ocasiones que producen sarcasmo, por ejemplo cuando el alguacil usa elementos religiosos a la hora del desalojo.

El autor sabe muy bien cómo manejar el tono dramático de cada escena. Con frecuencia, opone una situación cómica a una patética o trágica, o bien introduce una escena patética en medio de un momento cómico (como la escena de Orgón escondido).

Moliere demuestra en esta obra su lucidez, mostrándonos de manera divertida y ligera un tema muy trascendental. Es una historia perfectamente inteligible y asimilable en su manera de decir las cosas, y además tiene un mensaje claro y directo, de no dejarse manipular por estos hipócritas. Una enseñanza que todavía en la actualidad nos serviría, ya que los Tartufos reales son muchísimo más peligrosos que el de la obra, más astutos, más secretos, más difíciles de pillar… más malvados y oscuros.

 Más información sobre el Tartufo, de Molière.

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